Un corazón delator
Un corazón delator
Por:
Lucía Margarita Figueroa Robles
Dentro de las peores emociones
que puede sentir el ser humano, se encuentra el remordimiento de conciencia, que
gravita en un juego de la mente por recordarnos constantemente nuestra
equivocación, y con una sacudida de malestar persistente frente a una acción
dañina o negativa de la que hemos sido partícipes, nos abofetea constantemente,
sumergiéndonos en nuestro propio abismo. Esta experiencia con su factor de
subjetividad individual aparece en el
momento del arrepentimiento, precisamente cuando la persona reflexiona sobre
sus actos impulsivos, que no le permitieron mantener la cordura en las
situaciones más difíciles; pero con un cambio de actitud, pidiendo disculpas o
demostrando que fue un lapsus o un mal momento, en algo podemos superar esta
pesada carga psicológica y espiritual, para encontrar esa paz interior que
tanto anhelamos.
Precisamente, hablando de compunción,
existe un maravilloso relato que hace referencia a este sentimiento de omisión,
y que pretende revelar que en reiteradas ocasionas, el ser humano olvida la
moral codificada en el ADN, para dejarse llevar por sentimientos, pasiones e
instintos, encegueciendo su actuar. Me refiero a “Corazón Delator” del célebre
maestro del romanticismo oscuro Edgar Allan Poe, uno de los más grandes
arquitectos del terror, que supo crear varios relatos inquietantes, poemas
excelsos que en su universo gótico, llevan la bruma en la que estuvo envuelta
su vida, a propósito de rememorar un aniversario más del nacimiento. Es así que
en esta obra, el narrador es el protagonista que presenta la historia en forma
de monólogo, intentando persuadir al lector de que fue un impulso lo que le
llevó a cometer un crimen, pero un sonido ensordecedor y escalofriante de un
corazón fantasmal, interpretado como la conciencia, le llevó a revelar su
homicidio. Frente a obras como ésta, es necesario reflexionar, sobre lo ineludible
de liberarnos de culpas que nos aquejan, ser capaces de dar la cara a nuestros
actos, y pensar antes de actuar para evitar instigarnos por un corazón delator.
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